Associació Aquariòfila de Barcelona

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El agua de la discordia

Posted by gckaab en 15 agosto 2009

© Artículo escrito por Alberto Maceda

Vivimos en un planeta en el cual más del 70% de su superficie está cubierto por agua pero en el que tan sólo un 3% aproximadamente de ésta es agua dulce: el bien más preciado y el recurso más explotado por la humanidad. Se incrementa el número de hectáreas dedicadas al regadío, las grandes urbes tienen una densidad cada vez más elevada de habitantes, pero la disponibilidad de agua dulce no se incrementa y no es fácil satisfacer tanta demanda de forma sostenible.

Cataluña vivió hace escasos meses la que se ha catalogado como una de las peores sequías de las últimas décadas. Como suele ocurrir ante una “crisis”, se desencadenaron un cúmulo de reacciones que fueron desde la incertidumbre por desconocer la magnitud del problema que se nos venía encima hasta las clásicas protestas y reclamaciones que acompañan a cualquier limitación de los recursos naturales. No nos engañemos, la palabra “sostenibilidad” viste. No existe partido político, grupo ecologista o persona de la calle que no la haya utilizado en algún momento pero… ¿nos acordamos de su significado? ¿ponemos en práctica lo que ésta implica? La respuesta es que nos queda mucho camino todavía por recorrer para inculcar en nuestra sociedad y, sobre todo, en los responsables de la gestión de nuestros recursos hídricos lo que se conoce en la actualidad como “La Nueva Cultura del Agua”. Uno de sus pilares básicos es entender que el agua es un bien escaso que debemos aprender a gestionar y que “sacar agua de donde sea” en los momentos de “crisis”, no es la mejor solución a largo plazo. Por desgracia no aprendemos de nuestros errores del pasado, seguimos sin hacer bien los deberes y, en palabras de nuestro refranero popular, seguimos acordándonos de Santa Bárbara cuando truena.

Figura 1. Iglesia del pueblo de Sant Romà de Sau (anegado tras la construcción del embalse de Sau) completamente descubierta por el bajo nivel del embalse. Fuente: Agència Catalana de l’Aigua (ACA).

La sequía es una vieja conocida de Catalunya. Como cualquier región sometida a las inclemencias del clima mediterráneo, la pluviometría de Catalunya se caracteriza por ser irregular y por tener una variabilidad interanual elevada. Por tanto, no debe sorprendernos que tengamos unos años más lluviosos que otros  y que, incluso dentro de un mismo año, las lluvias no estén distribuidas uniformemente a lo largo de éste. De hecho, suele ser en otoño y en primavera cuando se registran los valores más elevados de precipitación. Con este panorama, es fácil darse cuenta que el agua es un bien escaso cuyo uso debe ser optimizado al máximo.

Una vez corroborado que vivimos en una región que puede tener problemas de abastecimiento de agua, es momento de plantearse las posibles soluciones y analizar los puntos débiles del sistema actual. En definitiva, se trata de entender, de una vez por todas, que los recursos naturales son limitados y que las políticas sostenibles debemos aplicarlas también nosotros en nuestra casa, que no sólo deben quedarse en bonitas palabras todas las propuestas que se realizan eco-sostenibles y que no sólo debemos exigir a nuestros países vecinos que hagan los deberes cuando nosotros no los hemos hecho.

La agricultura es la principal consumidora de los recursos hídricos de nuestro país representando un 70% del consumo total. Año tras año se incrementan los cultivos de regadío con lo cual dicha demanda es esperable que aumente. De hecho, puede decirse que nos encontramos en la fase más expansionista de los cultivos de regadío en Cataluña de toda su historia. Esto no tendría mayor importancia si viviéramos en otras latitudes con los recursos hídricos menos limitados pero… ¿tiene esto sentido en un país mediterráneo?

Figura 2. Riego por aspersión de un cultivo de regadío en la comarca del Bajo Aragón (provincia de Zaragoza)

A mi modo de ver esto es una paradoja. Por un lado, estamos diciendo que los cultivos actuales no tienen suficiente agua y que son necesarias más concesiones para regar. Por el otro, se nos viene encima el problema del abastecimiento a los núcleos urbanos. Y, no teniendo suficiente con estos problemas, no sólo no se nos ocurre reducir demanda, si no aumentarla. Lo primero que debemos hacer para abordar el problema del regadío en la agricultura es: optimizar y modernizar las infraestructuras existentes, reducir las hectáreas de regadío o, por lo menos no incrementarlas, y tener un plan de ayudas para los agricultores en épocas de vacas flacas. De esta manera, solucionaríamos dos problemas al no reconvertir los agricultores de secano sus cultivos al regadío por ser más rentables: el de la heterogeneidad del paisaje y el del agua. Abordar el tema de la heterogeneidad del paisaje nos llevaría otro artículo de opinión entero, sin embargo, por su importancia, bien se merece dedicarle aquí dos líneas. El abandono de las actividades agrícolas y ganaderas, así como la reconversión de los cultivos y las actividades urbanísticas, están provocando que el paisaje mediterráneo deje de tener su típica estructura en mosaico en la cual se alternan zonas de pastos, zonas de bosques, zonas de estepas, etc… y pase a tener grandes extensiones de monocultivos, de zonas boscosas y que, incluso, algunos ecosistemas, como las estepas, se encuentren seriamente amenazados. Estos cambios en el paisaje repercuten de manera directa en la diversidad, tanto de fauna como de flora, y pueden comportar a la larga la extinción de las especies más ligadas a uno u otro tipo de hábitat.

Hasta ahora hemos abordado el problema de la agricultura y, de hecho, se tiende a “criminalizar” a este sector, no era mi objetivo hacerlo, puesto que no  debemos olvidar que para producir alimentos es necesaria el agua y también hay que tener en cuenta las dificultades económicas a las que deben hacer frente buena parte de los agricultores de nuestro país. Esto da más importancia a esta necesidad, comentada en el párrafo anterior, de buscar el equilibrio entre las necesidades de los regantes, las necesidades de los propios ríos y también la de los ciudadanos de los núcleos urbanos, la llamada “agua de boca”. De hecho, los segundos consumidores de agua en el ranking después de la agricultura son los núcleos urbanos. Éstos representan aproximadamente un 14% del total. Aunque los medios de comunicación y los políticos la hayan catalogado de “agua de boca”, en realidad, englobaría, tanto al estricto uso doméstico (bebida, lavadoras, duchas, etc…) como también al de algunas actividades recreativas tales como: piscinas, riego de jardines, lavado de coches, etc…

Después de la campaña de ahorro presentada por la Generalitat de Catalunya y del sentido común de la ciudadanía, pienso que, en general, la población sí ha hecho los deberes. El consumo de agua de toda el área metropolitana de Barcelona se sitúa entorno a un metro cúbico por día, lo que aproximadamente sería el estadio del Fútbol Club Barcelona lleno de agua. Si miramos el consumo por habitante, éste gira entorno a los 115 litros por habitante y día, lo que sitúa a Barcelona a la cola de las grandes urbes en cuanto a consumo de agua: París (más de 162 litros), Nueva Delhi (172 litros), Tokio (320 litros) o Pekín (667 litros). De hecho, Barcelona ha ido reduciendo progresivamente su consumo de agua a lo largo de los años (figura 3).

Figura 3. Consumo total de agua en Barcelona desde el año 1987 al 2000. Fuente: Sociedad General de Aguas de Barcelona (AGBAR) y Ayuntamiento de Barcelona

El 6 % restante del consumo total de agua corresponde a la industria. Este porcentaje está sujeto a variaciones y es de difícil estimación puesto que la  picaresca es un factor importante y algunas industrias tienen pozos no declarados. Esta problemática, por otro lado, no es exclusiva de la industria, dado que también existen agricultores y particulares con pozos ilegales que escapan de los recuentos oficiales de consumo de agua.

Acabamos de ver que son muchos los colectivos que dependen de la preciada agua. De hecho, hay quién dice que las guerras del futuro no serán por el petróleo ni las armas de destrucción masiva, si no por recursos naturales de primera necesidad. Al margen de conflictos bélicos, lo cierto es que debemos aprender a racionalizar al máximo este recurso limitado y dejar de ver en los trasvases, la solución al problema. Hay que pensar que éstos suponen un problema más a la falta de agua: el social (figura 4). Se crean conflictos entre comunidades autónomas o entre países que, en lugar de solucionar el problema, crean uno mayor. Por tanto, desde mi humilde opinión, pienso que antes de tomar este tipo de decisiones habría que hacer una profunda reflexión. Por otro lado, no se debe engañar a la población, o mejor dicho,  pretender engañarla, diciendo que no se realizará ningún trasvase pero que sí se conectará el río Segre con el sistema Ter-Llobregat por medio de una tubería a través del Túnel del Cadí o la famosa tubería puntual desde el bajo Ebro. Se mire por donde se mire, en el momento en el cual se produce una “transferencia de agua” de una cuenca a otra, se está realizando un trasvase.

Figura 4. Manifestación en contra del Plan Hidrológico Nacional en Zaragoza

A parte de los problemas sociales que puede conllevar un trasvase, existen problemas ecológicos asociados. El primero a tener en cuenta es que estamos disminuyendo el caudal de la cuenca donante y hay que evaluar las repercusiones que puede tener en una escala global del ecosistema. No debe caerse en el error de pensar que el agua que baja por los ríos se pierde en el mar, puesto que cumple varios acometidos: aporte de sedimentos (pensemos en la regresión que está sufriendo el delta del Ebro año tras año), carga de acuíferos, frena la entrada de agua marina en la desembocadura (la llamada cuña salina), etc… Por otro lado, tenemos el problema de la introducción de especies invasoras o de la traslocación de especies autóctonas. Supongamos que una cuenca ha sido colonizada por mejillón cebra (Dreissena polymoprha) –especie exótica oriunda del mar Caspio y Negro causante de graves problemas ecológicos, económicos y sociales-, como es el caso de la cuenca del Ebro (figura 5), y que se realiza un trasvase a la cuenca del Llobregat. Si no se toman las precauciones adecuadas y el agua se vierte directamente al embalse de la Baells, por ejemplo, situado en la cuenca del Llobregat, pueden entrar larvas de este molusco bivalvo, que nadan en la columna de agua, a las aguas del Llobregat y, por consiguiente, se puede ampliar el área de distribución de esta especie invasora en nuestro país. Pero, si éste ejemplo era un caso hipotético, tenemos ejemplos reales en España como consecuencia de la interconexión de cuencas. Quizá el más relevante sea la transferencia Tajo-Segura causante de la llegada de del pez rojo (Carassius auratus), del gobio ibérico (Gobio lozanoi) y de la boga de río (Pseudochondrostoma polylepis) a la cuenca del Segura.

En resumidas cuentas, el problema del agua va mucho más allá de simplemente hacer un trasvase cuando hay carencia. Estos trasvases conllevan problemas sociales y ecológicos y, lejos de solucionar el problema de base, lo único que consiguen es que “nos olvidemos” de él y que entremos en el peligroso bucle de ir a buscar cada vez el agua más lejos. De hecho ya han salido las propuestas del Ródano y del Ebro… ¿cuáles serán las siguientes?

Figura 5. Escollera del embalse de Mequinenza (Aragón) colonizada por mejillón cebra (Dreyssena  polymorpha). Véanse los mejillones cebra recubriendo las rocas.

Olvidémonos de una vez por todas de los grandes trasvases y pensemos en opciones más sostenibles a largo plazo como la mejor depuración de las aguas residuales que permitan su reutilización, los pactos con las sociedades de regantes para que cedan parte de su agua para consumo humano a cambio de una compensación económica por los cultivos que no sembrarán ese año (el llamado “banco de aguas”), la creación de plantas desalinizadoras que permitan obtener agua dulce del mar pero minimizando el impacto de los emisarios de la salmuera resultante y la recuperación de acuíferos, entre otros. Dejemos de tener ideas brillantes que supongan un gran consumo de agua como la creación del proyecto Gran Escala, estilo “Las Vegas” dicen, en los Monegros (el “desierto” de Aragón) con la excusa de reactivar la economía de esta región. Planifiquemos mejor la ordenación del territorio. Y, sobre todo, reflexionemos antes de tomar cualquier decisión, puesto que determinadas medidas pueden comportar problemas muchos más graves de los que ya tenemos.

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